Poco antes de amanecer pardelas y paíños vuelven al mar, a rasar con sus alas las crestas de las olas. Apenas hay algunos minutos de silencio y las gaviotas patiamarillas retoman el espacio sonoro. Grises contra un cielo gris, gritan las más madrugadoras desde las crestas de los acantilados. Abajo, en los escollos que apenas sobresalen del agua, tres o cuatro cormoranes moñudos emiten sus ronquidos guturales, hambrientos, a la espera de la primera luz que les permita pescar. (via El sonido de la naturaleza | elmundo.es
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